miércoles, 30 de noviembre de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 12 - Reencuentro

CONTINUARÁ...







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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.

sábado, 29 de octubre de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 11 - Biodiversidad

Mientras atravesaba aquel hueco en la roca hacía recuento de la fauna y flora que en la siguiente plataforma "colgante" me encontraría.
En aquella sala hay seis monstruos. Lo recuerdo bien, van en orden: en la tercera sala hay siete. Y si no recuerdo mal, los que en la segunda sala solían juntarse eran unos pequeños ejemplares de tofu, jalató y girasol salvaje, además de una frágil rosa demoníaca, un diente de león diabólico asustado y un cangrejo imprudente...




CONTINUARÁ...







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martes, 4 de octubre de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 10 - Evasión

Ya había entrado, ya no había retorno posible. Y aunque no me asustaba el hecho de toparme con varios monstruos e insectos debiluchos que tendría que vencer para pasar a la siguiente recámara, me estremecía la sola y simple idea de pensar que podrían antes dar ellos conmigo y atacarme en alguna esquina de aquel "subterráneo", provocando mi caída al vacío. Por en medio, una columna de piedra que unía la plataforma usada a modo de suelo con el resto de la isla flotante; a ambos lados de la plataforma, aire, nada más. Al otro lado de la sala una cavidad en la rocosa pared que daba paso a la siguiente sala.

Todo sería mucho más fácil de lo que esperaba, allí estaban las cinco criaturas contra las que me iba a enfrentar: un moskito miedoso, una larva azul y una arakna, ambas inmaduras, y un champi champ vulnerable.
Me detuve a contar: uno... dos... tres... cuatro... ...¡Mierda!

Justo mientras me giraba unos 120 grados hacia la izquierda (sentido levógiro) buscando a la que faltaba, el desapercibido tofu saltaba con fuerza hacia mí. Yo me agaché hacia atrás, cual jugador del "limbo", para evitarlo a tiempo, pero el tofu me arañó la oreja izquierda con el pico mientras intentaba frenar la inercia de su cuerpo ante una fuerte ráfaga de viento que se desató en el sentido de su vuelo. Incapaz de decelerar siquiera su empuje, e intentando aferrarse al borde de la plataforma, cayó. Cayó y desapareció entre las nubes ante mi atónita mirada. No me creía la suerte que tenía, aunque...
"¡Ay!" ...la oreja me escocía.

Lo cierto es que eso es lo único digno de recalcar. Un anécdota quizá trascendental, quizá no tanto, pero que yo recuerdo como el principio del descubrimiento de otra de mis extravagantes "habilidades".
Después, simplemente utilicé una Palabra Curativa para detener esa sensación que cubría el lado izquierdo de mi cara, y fui derrotando a todos aquellos insectos, y "no tan insectos", de uno en uno hasta que no quedó ninguno en pie.

Así accedí a la siguiente sala...







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viernes, 9 de septiembre de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 9 - Cuatro

Allí estaba, completamente al este de la isla. Era la mazmorra de Incarnam, el antro de un archiconocido monstruo: el minilubo albino. Una caverna "subterránea" en una isla flotante, es el colmo de los colmos. Te asuste lo que te asuste vas a acabar aterrado en una esquina, ya sea por vértigo o por claustrofobia.

Justo a las puertas de la mazmorra estaba Ma'ster Donge, como de costumbre. Es un ocra de pelo violeta y vestimenta verde radiactivo y rojo chillón que advierte a todos los aventureros del riesgo que corren al cruzar las rejas que mantienen al minilubo albino internado en aquel lugar.
La reja en cuestión sólo se puede abrir presionando una baldosa con un mecanismo de engranajes que permiten que esta se abra. Está situada en frente de la entrada pero con espacio suficiente como para poder abrir la puerta sin riesgo de que una zarpa aparezca de dentro del antro y te desmonte en cubitos de aventurero.

En ocasiones me pregunto si alguien moriría por una traición similar. Está claro que si alguien entraba en la mazmorra sólo optaba a dos finales posibles si no quería ser devorado por la bestia; o terminaba con la vida del montruo o necesitaba de alguien que lo sacase activando el mecanismo desde fuera.

Como de costumbre, Ma'ster me preguntó si sabía qué me esperaba dentro de la cueva. Y como de costumbre le respondí que allí me esperaban aventuras y riquezas. Él dice que siempre le contestan todos lo mismo. ¿Pero qué espera? ¿Acaso prefiere un "Oh, Dios mío, Dios mío, vamos a morir..."?

Ma'ster quiso proponerme una misión, si lograba alcanzar la otra salida de la cueva, venciendo al minilubo albino que la protegía, me daría una recompensa.
Así que, sin pensármelo mucho le di la llave correspondiente, me posicioné sobre la baldosa en cuestión y, mientras se abrían las rejas, corrí adentro del pasadizo intentando recordar cuantas salas tenía la mazmorra de Incarnam.

"Una, dos... Sí, cuatro, tiene cuatro. Creo. Lo que significa que cuatro salas son las que me separan ahora mismo de mi vida..."







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miércoles, 17 de agosto de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 8 - Pasividad

Allí estaba yo, Batsuty, sentado en una de las mesas de la taberna de Incarnam, disfrutando de un momento de respiro con una "cerveza" en la mano. Bueno, en realidad aquello que denominan "cerveza de Incarnam" no es mucho más que limonada, ya que en la taberna del archipiélago flotante no disponen de nada alcohólico desde que la diosa Pandawa acudió allí y se bebió el alcohol que albergaría esta durante mil años.
Desde luego, la camarera de Panzudo era extremadamente hermosa, aunque con ese toque particular que tienen las mujeres que suelen llevar una vida atrevida fuera de cualquier rutina.

☼☼☼

En cuanto me terminé la cerveza salí a la puerta de la taberna para hablar con el contramaestre Ikul. Estaba dispuesto a aprender el arte de la pesca.
Él me pregunto si podía hacer algo por mí. Y yo, que ya sabía que él enseñaba los rudimentos de varios oficios, le expliqué que tenía la impresión de ser un pescador nato. Ikul vio la paciencia en mi actitud y me explicó que era un buen oficio para poder sustentarse y relajarse al mismo tiempo; y tras unos consejos, me dio una caña y me dijo que ya debería de estar preparado para ejercer aquello que tanto deseaba: la pesca.

Una vez aprendidos los entresijos básicos de la pesca, me despedí de Ikul y me acerqué de nuevo al lago de Incarnam. Para ser más preciso me situé en el medio del lago, en esa mejana a la que se accede por los diversos puentes de madera que la unen con la orilla del lago.

☼☼☼

Allí no picaba nada y ya empezaba a agobiarme. Llevaba alrededor de 3 horas para un maldito pescado, y ni siquiera habían picado. Tenía la sensación de que si entrase en el lago a base de Palabras Hirientes iba a tener más éxito que esperando en la orilla de la isleta con la mirada fija en la caña.
Yo tenía mucha paciencia, pero... ¡Aquello no era paciencia! ¡Aquello era pasividad! ¡Una pasividad idiota que me hacía dudar constantemente si yo era paciente o acaso estúpido!
A lo peor sería un paciente estúpido...

Y, de pronto, el hilo comenzó a deslizarse lentamente hacia dentro del lago. ¡Habían picado!
No era muy grande, pero no me importaba demasiado. Era la primera vez que pescaba y había pescado un gobio, ya era algo.

Las siguientes 2 horas conseguí pescar varios gobios más que luego limpié y destripé junto al primero en el taller de oficios de Incarnam, que está en el mismo edificio que la taberna, pero al que se accede por otra puerta, situada a la izquierda de la entrada de la taberna.
Tras eso, ya despuntando el alba, se me ocurrió hacerle un favor a Panzudo e ir a su sótano privado para matar una de aquellas miliratas enfermas de las alcantarillas que parecen estar hospedadas allí de por vida.
No me supuso mucho trabajo acabar con ella, pero ya empezaba a echar de menos mi cuerpo de zurcarák, así que pensé que sería una buena idea ir a la mazmorra de Incarnam para vencer en combate al minilubo albino que allí habitaba, y después volvería a mi cuerpo como Neky...







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martes, 2 de agosto de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 7 - Reexploración

Por fin había llegado al lago. Más exactamente, a la orilla norte de este. Allí es donde suele descansar Bunito Yabero.

Una vez a su lado, y exactamente como yo ya esperaba, me ofreció un combate contra el padre de su mascota, y me dijo que si le ganaba me recompensaría con una llave que abriría la mazmorra de un monstruo conocido como minilubo albino (la mazmorra de Incarnam).
Por supuesto, acepté el desafío, para eso había ido hasta allí, ¿no?

Entonces apareció otro aventurero aniripsa por allí, y cuyo nombre no recuerdo, que también pretendía conseguir la recompensa que Bunito Yabero ofrecía. De modo que decidimos enfrentarnos juntos a aquel pequeño jefe de guerra jalató para conseguir, más fácilmente, dos llaves de aquella mazmorra que yo tanto conocía; pues ya había derrotado en infinidad de ocasiones a aquel minilubo albino siendo Neky.

Me sentía más fuerte que en mi anterior combate, incluso sentía nuevas habilidades desatarse dentro de mi mente de la misma forma tan repentina en que habían aparecido las tres anteriores, o la mayoría de las nuevas que aprendía como zurcarák, en mi cuerpo de Neky.
Dejé que el otro aniripsa empezase lanzando una Palabra Prohibida sobre aquel joven jefe de guerra jalató, que nos miraba de forma desafiante esperando a que nosotros comenzásemos el combate. Acto seguido desencadené una de mis habilidades nuevas, que al resultarme su movimiento de manos tan sencillo de ejecutar, lancé dos veces seguidas: "-¡Palabra Hiriente!"
Aquella habilidad era práctica, pero seguramente no tan eficaz como la Palabra Prohibida. Aunque me hizo gracia ver como aquella criatura era agitada por el aire y trozos de su lana caían al suelo cortados.
El aniripsa quedó tan fascinado de aquella habilidosa muestra de potencial que no se percató de que nuestro enemigo se le echaba encima mordiéndole, lo cual le produjo unas heridas tan importantes que, ni tras una Palabra Curativa suya pudo subsanarlas. Fue entonces cuando decidí mostrar mi otra nueva habilidad, que tanto se parecía a una de las antiguas: "-¡Palabra Sanadora!"
Aquel hechizo permitió que el aniripsa se repusiera suficientemente para que, justo después de que el pequeño jefe de guerra jalató me mordiese, pudieramos debilitarlo entre los dos hasta que Bunito Yabero diese el combate por zanjado tras caer el pequeño monstruo exhausto al suelo.

Como yo presuponía, Bunito Yabero nos dijo que sabía que ganaríamos y nos dio una llave a cada uno. Por cierto, sacándolas de un inmenso llavero con tantas llaves iguales que parecía ser un conserje o un manitas. Cosa bastante probable, ya que son los manitas y no otros los que se dedican a hacer las llaves.
Después de eso, aquel aventurero y yo nos separamos y tomamos distintos caminos: él se fue hacia la mazmorra de Incarnam, y yo me encaminaría en dirección norte, a la taberna. Pero primero preferí recuperarme un poco mientras miraba atentamente aquel lago casi cristalino. Aunque, bien pensado, antes de descansar en la taberna me pasaría por el cementerio de Incarnam para entrenarme un poco, machacando esa especie de esqueletos que se montaban solos cada dos por tres, los chafers prepubertos.

Tras llegar al cementerio, situado ligeramente al sur del lago, y haber estado combatiendo un rato contra esos chafers prepubertos, había adquirido una nueva técnica que me permitía pensar con mayor fluidez y actuar más rápido: la Palabra Estimulante. Era hora, esta vez sí, de ponerme en camino hacia la taberna.

☼☼☼

Durante el tiempo que hube estado descansando en el lago de Incarnam me di cuenta de que prácticamente me había acostumbrado ya a ser Batsuty, pero sin olvidar que era Neky. Lo cual me había llevado a alcanzar un nivel de armonía más alto del que yo jamás había tenido como Neky. Y, mirando el sosegado lago, pensé que no habría trabajo más adecuado para tal grado de paciencia que el de pescador. Así que decidí que tras ir a la taberna y tomarme una buena "cerveza" acudiría al contramaestre Ikul, que por allí deambula, para que me enseñase los entresijos de tal oficio. Y así pues, hacia allí me dirigía ahora, hacia la taberna...







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lunes, 25 de julio de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 6 - Habilidades

En cuanto llegase al lago sabía que era lo próximo que quería hacer. ¡Conseguir una llave para la mazmorra de Incarnam!
No me perdería la experiencia de volver a enfrentarme al guardián de la mazmorra ni aunque lo hubiese derrotado cientos de veces. ¡Y menos con un cuerpo y habilidades nuevas! Así que me encaminé directamente a la persona que me podría dar una llave de aquella cueva: Bunito Yabero.


De camino al lago aproveché para entrenarme contra la fauna de la isla. ¿Pero cuales serían mis nuevas habilidades?
Mientras me lo preguntaba pasé cerca de un joven jalatín blanco y, al parecer, pisé parte del matojo que estaba engullendo con énfasis, porque frunció el ceño y me miró con una cara extraña. Yo, sin percatarme de lo que sucedería a continuación, seguí mi camino, sin darle mucha importancia.
Pero, a pesar de que los jalatós tienen fama de ser muy pasivos y tranquilos, esta cría parecía haber enfurecido al haberle privado de parte de su placentera cena. Desde luego, no por nada se llaman jalatós...

Entonces fue cuando oí aquel ruido de pequeñas pisadas corriendo desesperadamente hacia mí, y cuando me volví, el jalatín ya estaba saltando hacia mi cintura. Pero de pronto, y de modo espontáneo, hice un movimiento con mis manos y murmuré algo que produjo que el jalatín saliera rechazado por los aires como un kámetro más allá de donde yo me hallaba.
¿Así que era esa una de mis nuevas habilidades? Y no sólo eso, sino que sabía cómo se llamaba perfectamente. Lo que yo había murmurado era: "-Palabra de Pavor..."

Todo el mundo sabe que una persona aprende tres habilidades (o hechizos) propios de su raza antes de convertirse en aventurero y subir a Incarnam, o al menos eso recuerdan todos. Sin embargo yo no recordaba nada de antes del fogonazo azul, al menos nada que hubiese vivido con aquel cuerpo.
Pero, a pesar de todo ese desconcierto, al que poco a poco me estaba acostumbrando, tenía otras dos ideas claras en mente, como si ya las tuviese de antes, algo instintivo.

Dejando a un lado estos pensamientos, que pasaron muy rápido por mi mente, levanté la vista de nuevo y allí estaba aquel joven jalatín acicalándose repentinamente su blancuzca lana mientras se levantaba, preparado para intentar atacarme de nuevo.
Entonces lo dije, alto y claro, mientras agitaba mis manos de otra forma distinta: "-¡Palabra Prohibida!"
El jalatín cayó malherido, hasta que cerró los ojos.

Sí, a mí también me daba un poco de pena. ¡Pero qué narices, venía dispuesto a matarme!

Y aunque aquel joven jalatín blanco no me hubiera supuesto una amenaza, me hubiera preocupado igualmente aquel rebaño de jóvenes jalatines, tanto negros como blancos, que tras ver el cuerpo sin vida de su compañero, venían a por mí.
Menos mal que tenía un as guardado en la manga. Aunque tampoco me agradaba mucho la idea de tener que necesitarlo.

Mientras venían a por mí empecé a lanzar Palabras Prohibidas hacia aquellos que estaban más cerca, ya que no estaba seguro de poder alcanzar al resto, pero eran demasiados. Conforme sentía que chamuscaba la lana de dos jovenes jalatines blancos con mis hechizos, uno negro me lanzaba su saliva, que como todos saben es un sutil paralizante. Los dos blancos cayeron, pero el negro se acercaba a suficiente velocidad como para alcanzarme ahora que yo andaba un poco más despacio. Iba precediendo a otros dos, uno blanco y otro negro, que lo seguían al mismo ritmo. Le lancé una Palabra de Pavor al negro que iba en cabeza justo antes de que los otros dos se me echaran encima, pero no podía esquivarlos a todos. Mientras el blanco me lanzaba su saliva (que como bien sabemos, es un tranquilizante de leve efecto), el joven jalatín negro me mordía sin compasión a la altura del antebrazo, y el negro que yo acababa de empujar volvía a la carga, también mordiéndome a la altura de la rodilla.
Sabía desde el principio que aquella situación sería inevitable, así que lancé mi tercer y nuevo hechizo, como tenía planeado desde un principio, antes de poder ser desgarrado por aquellos pequeños dientes: "-¡Palabra Curativa!"
Pronto asusté a aquellas criaturas, que retrocedieron al verme levantarme en buen estado. Cosa que yo aproveché para lanzar dos Palabras Prohibidas a los más cercanos, una Palabra de Pavor al más rezagado, que de nuevo se encontraba ya cerca de mí, y una última Palabra Prohibida al que acababa de lanzar hacia atrás; acabando así con todos.

Me di cuenta de que mi último hechizo había quemado parcialmente el pelaje de aquel pequeño animal, lo que significaba que mi hechizo ahora era ligeramente más potente. Tendría que aprender a manejarlos bien...

☼☼☼

Aproveché para recoger algunos trasquilones de lana que se hallaban por el suelo y algunos trozos del cuero que aquellos animales habían perdido durante la batalla. Después lancé otra de mis Palabras Curativas y me dirigí hacia el lago, que ya no se encontraba muy lejos...







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domingo, 17 de julio de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 5 - Dudas

Me despedí de Yueba, dándole las gracias, y salí del templo. Así comencé a caminar hacia el noroeste sin un rumbo fijo.

Pasé todo lo lejos que pude de las personas que por allí se encontraban, pues no me apetecía ni un poco entablar una conversación, y menos si ya conocía su finalidad. Así que, ahora que tenía un poco más de tiempo y, desde luego mejor disposición que antes, aproveché para caminar hacia una de aquellas maravillas divinas que albergaba Incarnam: la espada del dios Yopuka.

Laura Té pasa la mayor parte de su tiempo observándola de cerca, y dice que los escritores cuentan que Yopuka, en la batalla contra los demonios, angustiado por la desigualdad numérica del combate, lanzó su magna espada contra el suelo. Sin embargo, esta brutal demostración de fuerza intimidó a los demonios, que lo tomaron como una impresionante muestra de confianza, y huyeron corriendo de él, pudiendo ganar este el combate sin apenas haberlo comenzado.

☼☼☼

Una vez llegué donde se hallaba la espada, me senté cerca de ella justo al borde de la isla, dejando colgar mis piernas hacia el abismo. Allí se podía respirar tranquilo mientras se oía el caminar de aquellos pequeños jalatós que andaban por la zona.

Esa es una de mis vistas favoritas. Desde allí sentado alcanzo a ver el Mar del Olvido, el gran y desconocido abismo sideral que se extiende más allá de nuestro universo, el Krosmoz.

Pero por más abstraído que estuviese, no me acostumbraba a portar aquellas alas a mi espalda. Es más, para ser sincero, aún recuerdo que me resultaba muy incómodo encontrar la postura correcta para que dichas extensiones de mis omóplatos no tocasen la tierra al sentarme.

Pero es que... ¿¡Qué hacía yo con alas!? ¿¡Cómo podía ser aquello cierto!?
...además, pensándolo bien... ¿Qué significaba todo aquello?

Entonces permití que todo ese flujo de dudas brotase por fin dentro de mí y comenzase a fluir de manera natural entre mis pensamientos:
¿Por qué había acabado dentro de ese cuerpo?
Mejor dicho... ¿Por qué ese y no otro cuerpo? ¿Por qué el de un aniripsa? ¿Por qué poseía los mismos colores que mi cuerpo de zurcarák?
¿Estaba todo calculado al milikámetro por el destino? ¿O quizá por alguna otra "fuerza superior"? ¿Quizá los Dioses formaban parte de todo esto? ¿Me habrían concedido este cuerpo de forma meditada? ¿Sabían sobre mi capacidad de hacer viajes astrales?
¿O por el contrario todo era una secuencia de casualidades?
No, eso sí que no era posible... ¿Una consecución de casualidades azarosas? No ¡Claro que no! Aquello había pasado de alguna forma y era real, eso estaba claro, pero desde luego toda aquella cadena de sucesos poco espacio dejaban al Caos para intervenir.
Pero el mayor dilema de todos era si habría robado el cuerpo de otra alma o, si acaso, este estaba hecho para mí y a mi medida. ¿Le había prohibido a algún alma ocupar su lugar en el mundo o había entrado en un cuerpo "propio" y de nadie más?
Y si se lo había quitado... ¿Por dónde había obligado a vagar a esa pobre alma que no podría ser vista por nadie?

Demasiadas dudas, probablemente sin respuesta la mayoría...

☼☼☼

Permanecí durante horas pensando en todo aquello y sin poder dar una respuesta a ninguno de mis quebraderos de cabeza, pero en cuanto la luz empezó a tornarse magenta decidí aparcar todo aquello, que de poco me serviría, y empezar a recorrer de nuevo la isla de Incarnam. Sino en busca de respuestas que no encontraría, al menos sí descubriendo mis nuevas habilidades, propias de aquel nuevo cuerpo. Además, mientras estuviese redescubriendo aquel maravilloso paisaje me olvidaría un poco de todo aquello.
Al fin y al cabo me empezaba a sentir a gusto dentro de aquel cuerpo, que ahora sí era mío, y todavía tenía ganas de conversar de nuevo con la gente del lugar mientras conseguía algunas cosas. Y no sólo eso, lo cierto es que no me venía mal empezar a conseguir algunas cosas básicas para la vida de aventurero con aquel cuerpo.

Así que me levante desperezándome y partí en busca de "nuevas" aventuras en dirección al sureste, hacia el lago...







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jueves, 14 de julio de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 4 - Agua

Caminé en silencio por el templo y me dirigí hacia Yueba, que me miraba sonriente, aunque yo ya sabía lo que me iba a decir, pues ya había pasado por lo mismo como Neky. Pero como si no la conociera de nada, me acerqué, le pedí agua explicando que venía de parte de Desperta, y esperé su respuesta observando a las tres ninfas que tanto disfrutaban bañándose a todas horas en una especie de pila de piedra que allí se encontraba.

Pensaba que me diría que necesitaba que le hiciera un favor, pero que para pedírmelo, yo tendría que saber un poco más de aquella zona; sin embargo, supongo que por la extrema palidez de mi cara, no fue así. Me dijo que se acababa de quedar sin agua, pero que si conseguía un poco y se la llevaba, me daría algo mejor para recuperar mi vitalidad.

Yo bien sabía lo que iba a darme, y sabía que me interesaba ya que, efectivamente, repondría mi vitalidad por completo. Ahora sólo necesitaba hallar un pozo, ya que en aquella "isla voladora" no había otra forma de conseguir agua sin pasar por el lago, que no estaba precisamente cerca.

¡Gracias al dios Zurcarák que me sabía el camino hasta el pozo más cercano! ¿O gracias a Aniripsa? Lo cierto es que no sabía qué pensar, pero preferí esperar a estar más relajado si iba a empezar a exprimirme el cerebro en busca de respuestas que quizá no podría hallar. Así que me encaminé hacia la taberna de Panzudo, la única de toda la zona, que además dispone de un pozo situado justo al lado de esta.

Me crucé por el camino con un montón de personas conocidas, que esperaban a que les dirigiese la palabra para pedirme favores o encomendarme alguna misión.a cambio de recibir una recompensa por cumplirla. Y me hubiese encantado encontrarme en el estado adecuado para poder pedirle una llave de la mazmorra de Incarnam al rasta que suele encontrarse en el lago. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Bunito Yabero.
Pero el caso es que me sentía como un zombi, andando sin apenas fijarme en que estaba atravesando un matojo de lino.

Una vez alcancé la taberna, tomé agua del pozo y bebí un poco, pero reservé la mayor parte de ella para Yueba. Y, ya un poco más consciente de lo que hacía y sentía, volví andando al gran Templo Celeste, aunque también a paso lento.

Cuando llegué al templo, entré todo lo apresuradamente que pude y le di a Yueba el agua que había recogido. Ella la vertió en la fuente de sus ninfitas y me pidió que, una vez impregnada de la esencia de estas pequeñas hadas, bebiera de ella. Y así lo hice.
Automáticamente recuperé mi vitalidad habitual, pero a cambio perdí aún más la cabeza.

Era la primera vez que veía mi reflejo desde que estaba dentro de aquel cuerpo...






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[Génesis de un alma] Capítulo 3 - Nombre

Me incorporé lentamente. Estaba al lado de una sadida que me ayudaba a levantarme, y cuyo rostro me resultó familiar. ¡Era Desperta Delsuenio! ¡La fiel compañera de Noken Okuto, el anutrof! De hecho este último me miraba desde su hamaca sin perder detalle, pero sin esforzarse demasiado por parecer atento a lo que ocurría.
Al reconocerla la llamé por su nombre, pero ella no me reconoció. Sin embargo, no parecía extrañarse ni lo más mínimo de la situación. Claro, casi todos deben de conocerla, ya que es una de las pocas personas que viven en el Templo Celeste de Incarnam.
Entre lo poco que alcancé a balbucear en los siguientes 2 minutos, se pudo oír en una voz medianamente firme:
"-¿No sabes quién soy? ¡Soy yo, Batsuty!"

¿¡Qué había dicho!? ¿¡Batsuty!? ¿Y quién era ese?

Así es, era yo, aunque no sabía como había alcanzado a pronunciar aquello de esa forma tan espontánea y convencida. Preferí esperar cinco minutos para relajarme e intentar ordenar el torrente de ideas que convertía mi cerebro en algo poco más útil que una gelatina de fresa.

☼☼☼

Después de este esfuerzo inútil que me llevó un espacio de tiempo un poco más prolongado de lo que había calculado en un principio, decidí volver a abrir la boca para articular una serie de palabras ordenadas en forma de agradecimiento hacia Desperta, que andaba charlando con otros aventureros y mirándome de vez en cuando, supuse que para asegurarse de que no volvía a perder el conocimiento.

Ella me aconsejó que fuera hacia las puertas del templo, hacia donde podría encontrar a Yueba Kántaros para pedirle un poco de agua. Yo en cambio, preferí darle de nuevo las gracias y no volver a dirigirme a ella para no provocar una situación más incómoda para todos de lo que ya resultaba, ya que Noken tampoco parecía reconocerme.
¿¡Pero cómo lo iban a hacer si estaba dentro de un cuerpo de aniripsa y me llamaba Batsuty!?

De modo que me encaminé hacia la gran piedra, que nos explica el origen de la historia de la era Dofus (año 0 e.D.), y avancé en el grandioso y único pasillo-hall-estancia del templo...






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miércoles, 13 de julio de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 2 - Despertar

Abrí los ojos lentamente y, cuando me quise dar cuenta estaba corriendo hacia el templo de Incarnam. Frené en seco e intenté recordar qué hacía allí.

Sí, exacto, ha sido esa luz azul...

Notaba una brisa corriendo a ambos lados de mi cuerpo y una sensación muy extraña en la espalda, como si esta se arrugase hacia el exterior, hacia el interior, hacia el exterior, hacia el interior, y así sucesivamente. Bajé la mirada y descubrí unas manos negras pero libres de vello, así como una indumentaria que no era la que solía vestir, aunque sí similar: un chaleco azul y un pantalón pirata del mismo color entre otras cosas.
Me palpé con las manos la espalda y hallé unas protuberancias en ella que se movían de forma pausada, produciendo aquella sensación tan extraña. Entonces me sobresalté. ¡Eran alas!

☼☼☼

Una vez sentado, cuando ya me hube calmado y pude empezar a respirar de forma rítmica y contínua, me levanté del suelo y tomé una bocanada de aire. No sabría decir si lo hice por inercia, o realmente sabía lo que estaba haciendo, pero el caso es que me giré para observar aquello que no quería ver. Era la figura de la diosa Aniripsa tallada en la piedra de uno de los picos.

Entonces, como si una lluvia de ingenio superior estallase dentro de mi cabeza, comprendí lo que acababa de suceder. Por fin había conseguido introducirme en otro cuerpo, y además muy similar al mío; pero era de otra raza. Y tal fue el impacto de lo que en mis retinas se proyectaba, y de lo que mi mente procesaba, que caí de espaldas al suelo, quedando así inconsciente.

Y así permanecí durante un buen periodo de tiempo hasta que alguien me despertó...






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[Génesis de un alma] Capítulo 1 - Descubrimiento

Siendo tan sólo un novato en el Mundo de los Doce, descubrí que mientras dormía era capaz de proyectar mi alma fuera de mi cuerpo, y así separarme de él, permitiéndome esto realizar viajes astrales sin que pudiera ser visto por nadie, ni tan siquiera los espíritus. Hoy por hoy lo domino a la perfección.

Me siento tan cerca de los Dioses cuando floto entre las nubes y sobrevuelo las montañas...

¿Sabéis? Alguna vez me perdí y tardé semanas en volver a encontrar mi cuerpo, pero una vez hube comprendido cómo controlarlo, aprendí a viajar de forma astral a placer. A esta "forma" de mí, la llamé forma astral, o simplemente, alma.

Con el paso del tiempo fui experimentando y tratando de colarme en otros cuerpos, pero nunca lo conseguía. Hasta lo intenté mientras dormían con la idea de que, quizá entrando en un cuerpo postrado en el mismo estado en el que yo podía salir del mío, podría acceder a él. Pero nada, toda táctica era inútil.
Por suerte, a pesar de tantos esfuerzos, cuando volvía a mi cuerpo no estaba más lejos de sentirme agotado, justo todo lo contrario, me sentía relajado y descansado.

☼☼☼

Un curioso día decidí volver al primer lugar que visitas como aventurero. Esa misma noche, tras salir de mi cuerpo, decidí levitar todo lo alto que pude, intentando alcanzar Ingloriom, el mismísimo plano de los dioses (suponiendo que allí coexistiesen). Sin embargo, cuanto más me elevaba más me daba la sensación de estar acercándome al suelo. De modo que una vez aburrido de "subir", puesto que no me cansaba, volví a bajar para sobrevolar el lugar; la antesala del Mundo de los Doce, aquello que conocemos como Incarnam.

Aterricé levitando por el este y, explorando de nuevo aquella región, vi una luz cegadora en forma de columna azulada justo en la otra punta de la flotante isla, en los Picos Rocosos. Me intenté acercar volando, pero a pesar de lo rápido que me deslizaba entre un viento que no lograba frenar mi cuerpo ni lo más mínimo, la luz cesó antes de alcanzar el tejado de la taberna de Incarnam.
¡De nuevo aquella luz! Y de nuevo acudí en su búsqueda, mas volvió a desaparecer delante de mí cuando sobrevolaba el Templo Celeste. Entonces, mientras yo buscaba algo que pudiese indicar que allí había una luz y yo no me estaba volviendo loco, me deslumbró de nuevo otro fogonazo azulado, justo delante de la escultura de la diosa Feca realizada en la piedra de los Picos Rocosos.

De no se sabía dónde, aparecía el cuerpo inerte de un feca. Parecía salir del núcleo de aquella luz, mucho más claro y brillante, y justo antes de tocar el suelo, aspiraba una bocanada de aire y abría los ojos lentamente. Un instante después, la luz había vuelto a desaparecer y el feca corría en dirección a las puertas del templo. De nuevo lo mismo, aunque diez kámetros más lejos, pero esta vez era un yopuka apareciendo ante la mirada del dios Yopuka esculpido en piedra. Y otra vez, un poco más allá, pero en este caso fue un zurcarák, también bajo la figura de su dios. Algunos parecían poderosos, otros no tanto. Quizá así era como llegábamos a Incarnam los que subíamos del Mundo de los Doce. Pero, algunos parecían tan jóvenes...

Así se sucedieron varios más de las distintas clases y de diferentes colores, tanto de piel como de cabello. Yo, mientras, yacía boquiabierto, levitando cerca de donde se producían aquellas luces, que no aparecían nunca de forma simultánea. De pronto me vino una descabellada teoría a la mente y entré en estado de shock.

¡No daba crédito a lo que estaba pasando! ¿De veras se estaba creando vida delante de mí? ¿Era cierto lo que veía? ¿Así alcanzaba un alma su condición de aventurero? ¿O por el contrario, esta vez sí era un sueño? ¿Habría ingerido demasiada sopa de champi champ? ¡Pues menos mal que mi objevivo no me había avisado de sus efectos! ¡Qué pesado!

Entonces apareció de nuevo otra columna azulada en cuyo núcleo brillaba aquella luz más clara y brillante, y no sé si valeroso o quizá temerario, me lancé hacia ella para intentar tocarla...






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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.

[Génesis de un alma] Capítulo 0 - Presentación

Me presento, algunos me conocen como Neky, otros como Líder y otros como Gato, Algunos otros, en cambio, me conocen por otro de mis pseudónimos o distintivos. Pero para que comprendáis mi historia, a partir de ahora me dirigiré hacia vosotros como Neky.

Soy un zurcarák de pelaje negro, y poseo un "estandarte" de mi raza colgando de la cuerda que uso a modo de cinturón. Dicho distintivo es de color azul, remarcando una huella en su centro que es también de color negro. Suelo llevar ambos colores combinados en mi indumentaria, además del blanco. Es algo propio, es decir, mío en particular.
No suelo ser tan "ludópata" como mis congéneres, aunque esto es debido a otras cosas que comprenderéis más adelante; y aún así, en ocasiones me dejo llevar por mi instinto de zurcarák.
También tengo otras cualidades, pero será mejor que explique cada cosa a su debido tiempo.

Ahora, empecemos con la historia...






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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.

Presentación y motivo del blog

Este blog lo empiezo con motivo de escribir una novela narrativa basada en la historia y los monólogos interiores de mi personaje principal, Neky. Mas el protagonista no es sólo él. Esta novela va mucho más allá.
Es mi primera novela, sé que a algunos les gustará y a otros no, pero a ninguno le dejará un mal sabor de boca por sus faltas de ortografía o por su nefasta composición.

Y por favor, tanto si os gusta como si no, dejad vuestros comentarios porque, sinceramente, es lo que más se agradece cuando trabajas mucho en algo que, al fin y al cabo, no es remunerado, sino por placer, por amor al arte (literalmente en este caso).

Si alguien quiere hacerse una idea de la estética del "protagonista" (personaje inicial) de esta novela, antes de empezar a leer, pulse aquí. {Se recomienda}

Y ahora, si queréis descubrir más leed, leed, porque como leí en algún sitio:
"Las palabras desvelan el secreto que la imagen capta."


---Être et Durer---





Gato