lunes, 25 de julio de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 6 - Habilidades

En cuanto llegase al lago sabía que era lo próximo que quería hacer. ¡Conseguir una llave para la mazmorra de Incarnam!
No me perdería la experiencia de volver a enfrentarme al guardián de la mazmorra ni aunque lo hubiese derrotado cientos de veces. ¡Y menos con un cuerpo y habilidades nuevas! Así que me encaminé directamente a la persona que me podría dar una llave de aquella cueva: Bunito Yabero.


De camino al lago aproveché para entrenarme contra la fauna de la isla. ¿Pero cuales serían mis nuevas habilidades?
Mientras me lo preguntaba pasé cerca de un joven jalatín blanco y, al parecer, pisé parte del matojo que estaba engullendo con énfasis, porque frunció el ceño y me miró con una cara extraña. Yo, sin percatarme de lo que sucedería a continuación, seguí mi camino, sin darle mucha importancia.
Pero, a pesar de que los jalatós tienen fama de ser muy pasivos y tranquilos, esta cría parecía haber enfurecido al haberle privado de parte de su placentera cena. Desde luego, no por nada se llaman jalatós...

Entonces fue cuando oí aquel ruido de pequeñas pisadas corriendo desesperadamente hacia mí, y cuando me volví, el jalatín ya estaba saltando hacia mi cintura. Pero de pronto, y de modo espontáneo, hice un movimiento con mis manos y murmuré algo que produjo que el jalatín saliera rechazado por los aires como un kámetro más allá de donde yo me hallaba.
¿Así que era esa una de mis nuevas habilidades? Y no sólo eso, sino que sabía cómo se llamaba perfectamente. Lo que yo había murmurado era: "-Palabra de Pavor..."

Todo el mundo sabe que una persona aprende tres habilidades (o hechizos) propios de su raza antes de convertirse en aventurero y subir a Incarnam, o al menos eso recuerdan todos. Sin embargo yo no recordaba nada de antes del fogonazo azul, al menos nada que hubiese vivido con aquel cuerpo.
Pero, a pesar de todo ese desconcierto, al que poco a poco me estaba acostumbrando, tenía otras dos ideas claras en mente, como si ya las tuviese de antes, algo instintivo.

Dejando a un lado estos pensamientos, que pasaron muy rápido por mi mente, levanté la vista de nuevo y allí estaba aquel joven jalatín acicalándose repentinamente su blancuzca lana mientras se levantaba, preparado para intentar atacarme de nuevo.
Entonces lo dije, alto y claro, mientras agitaba mis manos de otra forma distinta: "-¡Palabra Prohibida!"
El jalatín cayó malherido, hasta que cerró los ojos.

Sí, a mí también me daba un poco de pena. ¡Pero qué narices, venía dispuesto a matarme!

Y aunque aquel joven jalatín blanco no me hubiera supuesto una amenaza, me hubiera preocupado igualmente aquel rebaño de jóvenes jalatines, tanto negros como blancos, que tras ver el cuerpo sin vida de su compañero, venían a por mí.
Menos mal que tenía un as guardado en la manga. Aunque tampoco me agradaba mucho la idea de tener que necesitarlo.

Mientras venían a por mí empecé a lanzar Palabras Prohibidas hacia aquellos que estaban más cerca, ya que no estaba seguro de poder alcanzar al resto, pero eran demasiados. Conforme sentía que chamuscaba la lana de dos jovenes jalatines blancos con mis hechizos, uno negro me lanzaba su saliva, que como todos saben es un sutil paralizante. Los dos blancos cayeron, pero el negro se acercaba a suficiente velocidad como para alcanzarme ahora que yo andaba un poco más despacio. Iba precediendo a otros dos, uno blanco y otro negro, que lo seguían al mismo ritmo. Le lancé una Palabra de Pavor al negro que iba en cabeza justo antes de que los otros dos se me echaran encima, pero no podía esquivarlos a todos. Mientras el blanco me lanzaba su saliva (que como bien sabemos, es un tranquilizante de leve efecto), el joven jalatín negro me mordía sin compasión a la altura del antebrazo, y el negro que yo acababa de empujar volvía a la carga, también mordiéndome a la altura de la rodilla.
Sabía desde el principio que aquella situación sería inevitable, así que lancé mi tercer y nuevo hechizo, como tenía planeado desde un principio, antes de poder ser desgarrado por aquellos pequeños dientes: "-¡Palabra Curativa!"
Pronto asusté a aquellas criaturas, que retrocedieron al verme levantarme en buen estado. Cosa que yo aproveché para lanzar dos Palabras Prohibidas a los más cercanos, una Palabra de Pavor al más rezagado, que de nuevo se encontraba ya cerca de mí, y una última Palabra Prohibida al que acababa de lanzar hacia atrás; acabando así con todos.

Me di cuenta de que mi último hechizo había quemado parcialmente el pelaje de aquel pequeño animal, lo que significaba que mi hechizo ahora era ligeramente más potente. Tendría que aprender a manejarlos bien...

☼☼☼

Aproveché para recoger algunos trasquilones de lana que se hallaban por el suelo y algunos trozos del cuero que aquellos animales habían perdido durante la batalla. Después lancé otra de mis Palabras Curativas y me dirigí hacia el lago, que ya no se encontraba muy lejos...







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