Me despedí de Yueba, dándole las gracias, y salí del templo. Así comencé a caminar hacia el noroeste sin un rumbo fijo.
Pasé todo lo lejos que pude de las personas que por allí se encontraban, pues no me apetecía ni un poco entablar una conversación, y menos si ya conocía su finalidad. Así que, ahora que tenía un poco más de tiempo y, desde luego mejor disposición que antes, aproveché para caminar hacia una de aquellas maravillas divinas que albergaba Incarnam: la espada del dios Yopuka.
Laura Té pasa la mayor parte de su tiempo observándola de cerca, y dice que los escritores cuentan que Yopuka, en la batalla contra los demonios, angustiado por la desigualdad numérica del combate, lanzó su magna espada contra el suelo. Sin embargo, esta brutal demostración de fuerza intimidó a los demonios, que lo tomaron como una impresionante muestra de confianza, y huyeron corriendo de él, pudiendo ganar este el combate sin apenas haberlo comenzado.
☼☼☼
Una vez llegué donde se hallaba la espada, me senté cerca de ella justo al borde de la isla, dejando colgar mis piernas hacia el abismo. Allí se podía respirar tranquilo mientras se oía el caminar de aquellos pequeños jalatós que andaban por la zona.
Esa es una de mis vistas favoritas. Desde allí sentado alcanzo a ver el Mar del Olvido, el gran y desconocido abismo sideral que se extiende más allá de nuestro universo, el Krosmoz.
Pero por más abstraído que estuviese, no me acostumbraba a portar aquellas alas a mi espalda. Es más, para ser sincero, aún recuerdo que me resultaba muy incómodo encontrar la postura correcta para que dichas extensiones de mis omóplatos no tocasen la tierra al sentarme.
Pero es que... ¿¡Qué hacía yo con alas!? ¿¡Cómo podía ser aquello cierto!?
...además, pensándolo bien... ¿Qué significaba todo aquello?
Entonces permití que todo ese flujo de dudas brotase por fin dentro de mí y comenzase a fluir de manera natural entre mis pensamientos:
¿Por qué había acabado dentro de ese cuerpo?
Mejor dicho... ¿Por qué ese y no otro cuerpo? ¿Por qué el de un aniripsa? ¿Por qué poseía los mismos colores que mi cuerpo de zurcarák?
¿Estaba todo calculado al milikámetro por el destino? ¿O quizá por alguna otra "fuerza superior"? ¿Quizá los Dioses formaban parte de todo esto? ¿Me habrían concedido este cuerpo de forma meditada? ¿Sabían sobre mi capacidad de hacer viajes astrales?
¿O por el contrario todo era una secuencia de casualidades?
No, eso sí que no era posible... ¿Una consecución de casualidades azarosas? No ¡Claro que no! Aquello había pasado de alguna forma y era real, eso estaba claro, pero desde luego toda aquella cadena de sucesos poco espacio dejaban al Caos para intervenir.
Pero el mayor dilema de todos era si habría robado el cuerpo de otra alma o, si acaso, este estaba hecho para mí y a mi medida. ¿Le había prohibido a algún alma ocupar su lugar en el mundo o había entrado en un cuerpo "propio" y de nadie más?
Y si se lo había quitado... ¿Por dónde había obligado a vagar a esa pobre alma que no podría ser vista por nadie?
Demasiadas dudas, probablemente sin respuesta la mayoría...
☼☼☼
Permanecí durante horas pensando en todo aquello y sin poder dar una respuesta a ninguno de mis quebraderos de cabeza, pero en cuanto la luz empezó a tornarse magenta decidí aparcar todo aquello, que de poco me serviría, y empezar a recorrer de nuevo la isla de Incarnam. Sino en busca de respuestas que no encontraría, al menos sí descubriendo mis nuevas habilidades, propias de aquel nuevo cuerpo. Además, mientras estuviese redescubriendo aquel maravilloso paisaje me olvidaría un poco de todo aquello.
Al fin y al cabo me empezaba a sentir a gusto dentro de aquel cuerpo, que ahora sí era mío, y todavía tenía ganas de conversar de nuevo con la gente del lugar mientras conseguía algunas cosas. Y no sólo eso, lo cierto es que no me venía mal empezar a conseguir algunas cosas básicas para la vida de aventurero con aquel cuerpo.
Así que me levante desperezándome y partí en busca de "nuevas" aventuras en dirección al sureste, hacia el lago...
------------------------------
Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario