miércoles, 17 de agosto de 2011

[Génesis de un alma] Capítulo 8 - Pasividad

Allí estaba yo, Batsuty, sentado en una de las mesas de la taberna de Incarnam, disfrutando de un momento de respiro con una "cerveza" en la mano. Bueno, en realidad aquello que denominan "cerveza de Incarnam" no es mucho más que limonada, ya que en la taberna del archipiélago flotante no disponen de nada alcohólico desde que la diosa Pandawa acudió allí y se bebió el alcohol que albergaría esta durante mil años.
Desde luego, la camarera de Panzudo era extremadamente hermosa, aunque con ese toque particular que tienen las mujeres que suelen llevar una vida atrevida fuera de cualquier rutina.

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En cuanto me terminé la cerveza salí a la puerta de la taberna para hablar con el contramaestre Ikul. Estaba dispuesto a aprender el arte de la pesca.
Él me pregunto si podía hacer algo por mí. Y yo, que ya sabía que él enseñaba los rudimentos de varios oficios, le expliqué que tenía la impresión de ser un pescador nato. Ikul vio la paciencia en mi actitud y me explicó que era un buen oficio para poder sustentarse y relajarse al mismo tiempo; y tras unos consejos, me dio una caña y me dijo que ya debería de estar preparado para ejercer aquello que tanto deseaba: la pesca.

Una vez aprendidos los entresijos básicos de la pesca, me despedí de Ikul y me acerqué de nuevo al lago de Incarnam. Para ser más preciso me situé en el medio del lago, en esa mejana a la que se accede por los diversos puentes de madera que la unen con la orilla del lago.

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Allí no picaba nada y ya empezaba a agobiarme. Llevaba alrededor de 3 horas para un maldito pescado, y ni siquiera habían picado. Tenía la sensación de que si entrase en el lago a base de Palabras Hirientes iba a tener más éxito que esperando en la orilla de la isleta con la mirada fija en la caña.
Yo tenía mucha paciencia, pero... ¡Aquello no era paciencia! ¡Aquello era pasividad! ¡Una pasividad idiota que me hacía dudar constantemente si yo era paciente o acaso estúpido!
A lo peor sería un paciente estúpido...

Y, de pronto, el hilo comenzó a deslizarse lentamente hacia dentro del lago. ¡Habían picado!
No era muy grande, pero no me importaba demasiado. Era la primera vez que pescaba y había pescado un gobio, ya era algo.

Las siguientes 2 horas conseguí pescar varios gobios más que luego limpié y destripé junto al primero en el taller de oficios de Incarnam, que está en el mismo edificio que la taberna, pero al que se accede por otra puerta, situada a la izquierda de la entrada de la taberna.
Tras eso, ya despuntando el alba, se me ocurrió hacerle un favor a Panzudo e ir a su sótano privado para matar una de aquellas miliratas enfermas de las alcantarillas que parecen estar hospedadas allí de por vida.
No me supuso mucho trabajo acabar con ella, pero ya empezaba a echar de menos mi cuerpo de zurcarák, así que pensé que sería una buena idea ir a la mazmorra de Incarnam para vencer en combate al minilubo albino que allí habitaba, y después volvería a mi cuerpo como Neky...







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