En cuanto llegase al lago sabía que era lo próximo que quería hacer. ¡Conseguir una llave para la mazmorra de Incarnam!
No me perdería la experiencia de volver a enfrentarme al guardián de la mazmorra ni aunque lo hubiese derrotado cientos de veces. ¡Y menos con un cuerpo y habilidades nuevas! Así que me encaminé directamente a la persona que me podría dar una llave de aquella cueva: Bunito Yabero.
De camino al lago aproveché para entrenarme contra la fauna de la isla. ¿Pero cuales serían mis nuevas habilidades?
Mientras me lo preguntaba pasé cerca de un joven jalatín blanco y, al parecer, pisé parte del matojo que estaba engullendo con énfasis, porque frunció el ceño y me miró con una cara extraña. Yo, sin percatarme de lo que sucedería a continuación, seguí mi camino, sin darle mucha importancia.
Pero, a pesar de que los jalatós tienen fama de ser muy pasivos y tranquilos, esta cría parecía haber enfurecido al haberle privado de parte de su placentera cena. Desde luego, no por nada se llaman jalatós...
Entonces fue cuando oí aquel ruido de pequeñas pisadas corriendo desesperadamente hacia mí, y cuando me volví, el jalatín ya estaba saltando hacia mi cintura. Pero de pronto, y de modo espontáneo, hice un movimiento con mis manos y murmuré algo que produjo que el jalatín saliera rechazado por los aires como un kámetro más allá de donde yo me hallaba.
¿Así que era esa una de mis nuevas habilidades? Y no sólo eso, sino que sabía cómo se llamaba perfectamente. Lo que yo había murmurado era: "-Palabra de Pavor..."
Todo el mundo sabe que una persona aprende tres habilidades (o hechizos) propios de su raza antes de convertirse en aventurero y subir a Incarnam, o al menos eso recuerdan todos. Sin embargo yo no recordaba nada de antes del fogonazo azul, al menos nada que hubiese vivido con aquel cuerpo.
Pero, a pesar de todo ese desconcierto, al que poco a poco me estaba acostumbrando, tenía otras dos ideas claras en mente, como si ya las tuviese de antes, algo instintivo.
Dejando a un lado estos pensamientos, que pasaron muy rápido por mi mente, levanté la vista de nuevo y allí estaba aquel joven jalatín acicalándose repentinamente su blancuzca lana mientras se levantaba, preparado para intentar atacarme de nuevo.
Entonces lo dije, alto y claro, mientras agitaba mis manos de otra forma distinta: "-¡Palabra Prohibida!"
El jalatín cayó malherido, hasta que cerró los ojos.
Sí, a mí también me daba un poco de pena. ¡Pero qué narices, venía dispuesto a matarme!
Y aunque aquel joven jalatín blanco no me hubiera supuesto una amenaza, me hubiera preocupado igualmente aquel rebaño de jóvenes jalatines, tanto negros como blancos, que tras ver el cuerpo sin vida de su compañero, venían a por mí.
Menos mal que tenía un as guardado en la manga. Aunque tampoco me agradaba mucho la idea de tener que necesitarlo.
Mientras venían a por mí empecé a lanzar Palabras Prohibidas hacia aquellos que estaban más cerca, ya que no estaba seguro de poder alcanzar al resto, pero eran demasiados. Conforme sentía que chamuscaba la lana de dos jovenes jalatines blancos con mis hechizos, uno negro me lanzaba su saliva, que como todos saben es un sutil paralizante. Los dos blancos cayeron, pero el negro se acercaba a suficiente velocidad como para alcanzarme ahora que yo andaba un poco más despacio. Iba precediendo a otros dos, uno blanco y otro negro, que lo seguían al mismo ritmo. Le lancé una Palabra de Pavor al negro que iba en cabeza justo antes de que los otros dos se me echaran encima, pero no podía esquivarlos a todos. Mientras el blanco me lanzaba su saliva (que como bien sabemos, es un tranquilizante de leve efecto), el joven jalatín negro me mordía sin compasión a la altura del antebrazo, y el negro que yo acababa de empujar volvía a la carga, también mordiéndome a la altura de la rodilla.
Sabía desde el principio que aquella situación sería inevitable, así que lancé mi tercer y nuevo hechizo, como tenía planeado desde un principio, antes de poder ser desgarrado por aquellos pequeños dientes: "-¡Palabra Curativa!"
Pronto asusté a aquellas criaturas, que retrocedieron al verme levantarme en buen estado. Cosa que yo aproveché para lanzar dos Palabras Prohibidas a los más cercanos, una Palabra de Pavor al más rezagado, que de nuevo se encontraba ya cerca de mí, y una última Palabra Prohibida al que acababa de lanzar hacia atrás; acabando así con todos.
Me di cuenta de que mi último hechizo había quemado parcialmente el pelaje de aquel pequeño animal, lo que significaba que mi hechizo ahora era ligeramente más potente. Tendría que aprender a manejarlos bien...
☼☼☼
Aproveché para recoger algunos trasquilones de lana que se hallaban por el suelo y algunos trozos del cuero que aquellos animales habían perdido durante la batalla. Después lancé otra de mis Palabras Curativas y me dirigí hacia el lago, que ya no se encontraba muy lejos...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
lunes, 25 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
[Génesis de un alma] Capítulo 5 - Dudas
Me despedí de Yueba, dándole las gracias, y salí del templo. Así comencé a caminar hacia el noroeste sin un rumbo fijo.
Pasé todo lo lejos que pude de las personas que por allí se encontraban, pues no me apetecía ni un poco entablar una conversación, y menos si ya conocía su finalidad. Así que, ahora que tenía un poco más de tiempo y, desde luego mejor disposición que antes, aproveché para caminar hacia una de aquellas maravillas divinas que albergaba Incarnam: la espada del dios Yopuka.
Laura Té pasa la mayor parte de su tiempo observándola de cerca, y dice que los escritores cuentan que Yopuka, en la batalla contra los demonios, angustiado por la desigualdad numérica del combate, lanzó su magna espada contra el suelo. Sin embargo, esta brutal demostración de fuerza intimidó a los demonios, que lo tomaron como una impresionante muestra de confianza, y huyeron corriendo de él, pudiendo ganar este el combate sin apenas haberlo comenzado.
☼☼☼
Una vez llegué donde se hallaba la espada, me senté cerca de ella justo al borde de la isla, dejando colgar mis piernas hacia el abismo. Allí se podía respirar tranquilo mientras se oía el caminar de aquellos pequeños jalatós que andaban por la zona.
Esa es una de mis vistas favoritas. Desde allí sentado alcanzo a ver el Mar del Olvido, el gran y desconocido abismo sideral que se extiende más allá de nuestro universo, el Krosmoz.
Pero por más abstraído que estuviese, no me acostumbraba a portar aquellas alas a mi espalda. Es más, para ser sincero, aún recuerdo que me resultaba muy incómodo encontrar la postura correcta para que dichas extensiones de mis omóplatos no tocasen la tierra al sentarme.
Pero es que... ¿¡Qué hacía yo con alas!? ¿¡Cómo podía ser aquello cierto!?
...además, pensándolo bien... ¿Qué significaba todo aquello?
Entonces permití que todo ese flujo de dudas brotase por fin dentro de mí y comenzase a fluir de manera natural entre mis pensamientos:
¿Por qué había acabado dentro de ese cuerpo?
Mejor dicho... ¿Por qué ese y no otro cuerpo? ¿Por qué el de un aniripsa? ¿Por qué poseía los mismos colores que mi cuerpo de zurcarák?
¿Estaba todo calculado al milikámetro por el destino? ¿O quizá por alguna otra "fuerza superior"? ¿Quizá los Dioses formaban parte de todo esto? ¿Me habrían concedido este cuerpo de forma meditada? ¿Sabían sobre mi capacidad de hacer viajes astrales?
¿O por el contrario todo era una secuencia de casualidades?
No, eso sí que no era posible... ¿Una consecución de casualidades azarosas? No ¡Claro que no! Aquello había pasado de alguna forma y era real, eso estaba claro, pero desde luego toda aquella cadena de sucesos poco espacio dejaban al Caos para intervenir.
Pero el mayor dilema de todos era si habría robado el cuerpo de otra alma o, si acaso, este estaba hecho para mí y a mi medida. ¿Le había prohibido a algún alma ocupar su lugar en el mundo o había entrado en un cuerpo "propio" y de nadie más?
Y si se lo había quitado... ¿Por dónde había obligado a vagar a esa pobre alma que no podría ser vista por nadie?
Demasiadas dudas, probablemente sin respuesta la mayoría...
☼☼☼
Permanecí durante horas pensando en todo aquello y sin poder dar una respuesta a ninguno de mis quebraderos de cabeza, pero en cuanto la luz empezó a tornarse magenta decidí aparcar todo aquello, que de poco me serviría, y empezar a recorrer de nuevo la isla de Incarnam. Sino en busca de respuestas que no encontraría, al menos sí descubriendo mis nuevas habilidades, propias de aquel nuevo cuerpo. Además, mientras estuviese redescubriendo aquel maravilloso paisaje me olvidaría un poco de todo aquello.
Al fin y al cabo me empezaba a sentir a gusto dentro de aquel cuerpo, que ahora sí era mío, y todavía tenía ganas de conversar de nuevo con la gente del lugar mientras conseguía algunas cosas. Y no sólo eso, lo cierto es que no me venía mal empezar a conseguir algunas cosas básicas para la vida de aventurero con aquel cuerpo.
Así que me levante desperezándome y partí en busca de "nuevas" aventuras en dirección al sureste, hacia el lago...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Pasé todo lo lejos que pude de las personas que por allí se encontraban, pues no me apetecía ni un poco entablar una conversación, y menos si ya conocía su finalidad. Así que, ahora que tenía un poco más de tiempo y, desde luego mejor disposición que antes, aproveché para caminar hacia una de aquellas maravillas divinas que albergaba Incarnam: la espada del dios Yopuka.
Laura Té pasa la mayor parte de su tiempo observándola de cerca, y dice que los escritores cuentan que Yopuka, en la batalla contra los demonios, angustiado por la desigualdad numérica del combate, lanzó su magna espada contra el suelo. Sin embargo, esta brutal demostración de fuerza intimidó a los demonios, que lo tomaron como una impresionante muestra de confianza, y huyeron corriendo de él, pudiendo ganar este el combate sin apenas haberlo comenzado.
☼☼☼
Una vez llegué donde se hallaba la espada, me senté cerca de ella justo al borde de la isla, dejando colgar mis piernas hacia el abismo. Allí se podía respirar tranquilo mientras se oía el caminar de aquellos pequeños jalatós que andaban por la zona.
Esa es una de mis vistas favoritas. Desde allí sentado alcanzo a ver el Mar del Olvido, el gran y desconocido abismo sideral que se extiende más allá de nuestro universo, el Krosmoz.
Pero por más abstraído que estuviese, no me acostumbraba a portar aquellas alas a mi espalda. Es más, para ser sincero, aún recuerdo que me resultaba muy incómodo encontrar la postura correcta para que dichas extensiones de mis omóplatos no tocasen la tierra al sentarme.
Pero es que... ¿¡Qué hacía yo con alas!? ¿¡Cómo podía ser aquello cierto!?
...además, pensándolo bien... ¿Qué significaba todo aquello?
Entonces permití que todo ese flujo de dudas brotase por fin dentro de mí y comenzase a fluir de manera natural entre mis pensamientos:
¿Por qué había acabado dentro de ese cuerpo?
Mejor dicho... ¿Por qué ese y no otro cuerpo? ¿Por qué el de un aniripsa? ¿Por qué poseía los mismos colores que mi cuerpo de zurcarák?
¿Estaba todo calculado al milikámetro por el destino? ¿O quizá por alguna otra "fuerza superior"? ¿Quizá los Dioses formaban parte de todo esto? ¿Me habrían concedido este cuerpo de forma meditada? ¿Sabían sobre mi capacidad de hacer viajes astrales?
¿O por el contrario todo era una secuencia de casualidades?
No, eso sí que no era posible... ¿Una consecución de casualidades azarosas? No ¡Claro que no! Aquello había pasado de alguna forma y era real, eso estaba claro, pero desde luego toda aquella cadena de sucesos poco espacio dejaban al Caos para intervenir.
Pero el mayor dilema de todos era si habría robado el cuerpo de otra alma o, si acaso, este estaba hecho para mí y a mi medida. ¿Le había prohibido a algún alma ocupar su lugar en el mundo o había entrado en un cuerpo "propio" y de nadie más?
Y si se lo había quitado... ¿Por dónde había obligado a vagar a esa pobre alma que no podría ser vista por nadie?
Demasiadas dudas, probablemente sin respuesta la mayoría...
☼☼☼
Permanecí durante horas pensando en todo aquello y sin poder dar una respuesta a ninguno de mis quebraderos de cabeza, pero en cuanto la luz empezó a tornarse magenta decidí aparcar todo aquello, que de poco me serviría, y empezar a recorrer de nuevo la isla de Incarnam. Sino en busca de respuestas que no encontraría, al menos sí descubriendo mis nuevas habilidades, propias de aquel nuevo cuerpo. Además, mientras estuviese redescubriendo aquel maravilloso paisaje me olvidaría un poco de todo aquello.
Al fin y al cabo me empezaba a sentir a gusto dentro de aquel cuerpo, que ahora sí era mío, y todavía tenía ganas de conversar de nuevo con la gente del lugar mientras conseguía algunas cosas. Y no sólo eso, lo cierto es que no me venía mal empezar a conseguir algunas cosas básicas para la vida de aventurero con aquel cuerpo.
Así que me levante desperezándome y partí en busca de "nuevas" aventuras en dirección al sureste, hacia el lago...
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jueves, 14 de julio de 2011
[Génesis de un alma] Capítulo 4 - Agua
Caminé en silencio por el templo y me dirigí hacia Yueba, que me miraba sonriente, aunque yo ya sabía lo que me iba a decir, pues ya había pasado por lo mismo como Neky. Pero como si no la conociera de nada, me acerqué, le pedí agua explicando que venía de parte de Desperta, y esperé su respuesta observando a las tres ninfas que tanto disfrutaban bañándose a todas horas en una especie de pila de piedra que allí se encontraba.
Pensaba que me diría que necesitaba que le hiciera un favor, pero que para pedírmelo, yo tendría que saber un poco más de aquella zona; sin embargo, supongo que por la extrema palidez de mi cara, no fue así. Me dijo que se acababa de quedar sin agua, pero que si conseguía un poco y se la llevaba, me daría algo mejor para recuperar mi vitalidad.
Yo bien sabía lo que iba a darme, y sabía que me interesaba ya que, efectivamente, repondría mi vitalidad por completo. Ahora sólo necesitaba hallar un pozo, ya que en aquella "isla voladora" no había otra forma de conseguir agua sin pasar por el lago, que no estaba precisamente cerca.
¡Gracias al dios Zurcarák que me sabía el camino hasta el pozo más cercano! ¿O gracias a Aniripsa? Lo cierto es que no sabía qué pensar, pero preferí esperar a estar más relajado si iba a empezar a exprimirme el cerebro en busca de respuestas que quizá no podría hallar. Así que me encaminé hacia la taberna de Panzudo, la única de toda la zona, que además dispone de un pozo situado justo al lado de esta.
Me crucé por el camino con un montón de personas conocidas, que esperaban a que les dirigiese la palabra para pedirme favores o encomendarme alguna misión.a cambio de recibir una recompensa por cumplirla. Y me hubiese encantado encontrarme en el estado adecuado para poder pedirle una llave de la mazmorra de Incarnam al rasta que suele encontrarse en el lago. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Bunito Yabero.
Pero el caso es que me sentía como un zombi, andando sin apenas fijarme en que estaba atravesando un matojo de lino.
Una vez alcancé la taberna, tomé agua del pozo y bebí un poco, pero reservé la mayor parte de ella para Yueba. Y, ya un poco más consciente de lo que hacía y sentía, volví andando al gran Templo Celeste, aunque también a paso lento.
Cuando llegué al templo, entré todo lo apresuradamente que pude y le di a Yueba el agua que había recogido. Ella la vertió en la fuente de sus ninfitas y me pidió que, una vez impregnada de la esencia de estas pequeñas hadas, bebiera de ella. Y así lo hice.
Automáticamente recuperé mi vitalidad habitual, pero a cambio perdí aún más la cabeza.
Era la primera vez que veía mi reflejo desde que estaba dentro de aquel cuerpo...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Pensaba que me diría que necesitaba que le hiciera un favor, pero que para pedírmelo, yo tendría que saber un poco más de aquella zona; sin embargo, supongo que por la extrema palidez de mi cara, no fue así. Me dijo que se acababa de quedar sin agua, pero que si conseguía un poco y se la llevaba, me daría algo mejor para recuperar mi vitalidad.
Yo bien sabía lo que iba a darme, y sabía que me interesaba ya que, efectivamente, repondría mi vitalidad por completo. Ahora sólo necesitaba hallar un pozo, ya que en aquella "isla voladora" no había otra forma de conseguir agua sin pasar por el lago, que no estaba precisamente cerca.
¡Gracias al dios Zurcarák que me sabía el camino hasta el pozo más cercano! ¿O gracias a Aniripsa? Lo cierto es que no sabía qué pensar, pero preferí esperar a estar más relajado si iba a empezar a exprimirme el cerebro en busca de respuestas que quizá no podría hallar. Así que me encaminé hacia la taberna de Panzudo, la única de toda la zona, que además dispone de un pozo situado justo al lado de esta.
Me crucé por el camino con un montón de personas conocidas, que esperaban a que les dirigiese la palabra para pedirme favores o encomendarme alguna misión.a cambio de recibir una recompensa por cumplirla. Y me hubiese encantado encontrarme en el estado adecuado para poder pedirle una llave de la mazmorra de Incarnam al rasta que suele encontrarse en el lago. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Bunito Yabero.
Pero el caso es que me sentía como un zombi, andando sin apenas fijarme en que estaba atravesando un matojo de lino.
Una vez alcancé la taberna, tomé agua del pozo y bebí un poco, pero reservé la mayor parte de ella para Yueba. Y, ya un poco más consciente de lo que hacía y sentía, volví andando al gran Templo Celeste, aunque también a paso lento.
Cuando llegué al templo, entré todo lo apresuradamente que pude y le di a Yueba el agua que había recogido. Ella la vertió en la fuente de sus ninfitas y me pidió que, una vez impregnada de la esencia de estas pequeñas hadas, bebiera de ella. Y así lo hice.
Automáticamente recuperé mi vitalidad habitual, pero a cambio perdí aún más la cabeza.
Era la primera vez que veía mi reflejo desde que estaba dentro de aquel cuerpo...
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[Génesis de un alma] Capítulo 3 - Nombre
Me incorporé lentamente. Estaba al lado de una sadida que me ayudaba a levantarme, y cuyo rostro me resultó familiar. ¡Era Desperta Delsuenio! ¡La fiel compañera de Noken Okuto, el anutrof! De hecho este último me miraba desde su hamaca sin perder detalle, pero sin esforzarse demasiado por parecer atento a lo que ocurría.
Al reconocerla la llamé por su nombre, pero ella no me reconoció. Sin embargo, no parecía extrañarse ni lo más mínimo de la situación. Claro, casi todos deben de conocerla, ya que es una de las pocas personas que viven en el Templo Celeste de Incarnam.
Entre lo poco que alcancé a balbucear en los siguientes 2 minutos, se pudo oír en una voz medianamente firme:
"-¿No sabes quién soy? ¡Soy yo, Batsuty!"
¿¡Qué había dicho!? ¿¡Batsuty!? ¿Y quién era ese?
Así es, era yo, aunque no sabía como había alcanzado a pronunciar aquello de esa forma tan espontánea y convencida. Preferí esperar cinco minutos para relajarme e intentar ordenar el torrente de ideas que convertía mi cerebro en algo poco más útil que una gelatina de fresa.
☼☼☼
Después de este esfuerzo inútil que me llevó un espacio de tiempo un poco más prolongado de lo que había calculado en un principio, decidí volver a abrir la boca para articular una serie de palabras ordenadas en forma de agradecimiento hacia Desperta, que andaba charlando con otros aventureros y mirándome de vez en cuando, supuse que para asegurarse de que no volvía a perder el conocimiento.
Ella me aconsejó que fuera hacia las puertas del templo, hacia donde podría encontrar a Yueba Kántaros para pedirle un poco de agua. Yo en cambio, preferí darle de nuevo las gracias y no volver a dirigirme a ella para no provocar una situación más incómoda para todos de lo que ya resultaba, ya que Noken tampoco parecía reconocerme.
¿¡Pero cómo lo iban a hacer si estaba dentro de un cuerpo de aniripsa y me llamaba Batsuty!?
De modo que me encaminé hacia la gran piedra, que nos explica el origen de la historia de la era Dofus (año 0 e.D.), y avancé en el grandioso y único pasillo-hall-estancia del templo...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Al reconocerla la llamé por su nombre, pero ella no me reconoció. Sin embargo, no parecía extrañarse ni lo más mínimo de la situación. Claro, casi todos deben de conocerla, ya que es una de las pocas personas que viven en el Templo Celeste de Incarnam.
Entre lo poco que alcancé a balbucear en los siguientes 2 minutos, se pudo oír en una voz medianamente firme:
"-¿No sabes quién soy? ¡Soy yo, Batsuty!"
¿¡Qué había dicho!? ¿¡Batsuty!? ¿Y quién era ese?
Así es, era yo, aunque no sabía como había alcanzado a pronunciar aquello de esa forma tan espontánea y convencida. Preferí esperar cinco minutos para relajarme e intentar ordenar el torrente de ideas que convertía mi cerebro en algo poco más útil que una gelatina de fresa.
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Después de este esfuerzo inútil que me llevó un espacio de tiempo un poco más prolongado de lo que había calculado en un principio, decidí volver a abrir la boca para articular una serie de palabras ordenadas en forma de agradecimiento hacia Desperta, que andaba charlando con otros aventureros y mirándome de vez en cuando, supuse que para asegurarse de que no volvía a perder el conocimiento.
Ella me aconsejó que fuera hacia las puertas del templo, hacia donde podría encontrar a Yueba Kántaros para pedirle un poco de agua. Yo en cambio, preferí darle de nuevo las gracias y no volver a dirigirme a ella para no provocar una situación más incómoda para todos de lo que ya resultaba, ya que Noken tampoco parecía reconocerme.
¿¡Pero cómo lo iban a hacer si estaba dentro de un cuerpo de aniripsa y me llamaba Batsuty!?
De modo que me encaminé hacia la gran piedra, que nos explica el origen de la historia de la era Dofus (año 0 e.D.), y avancé en el grandioso y único pasillo-hall-estancia del templo...
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miércoles, 13 de julio de 2011
[Génesis de un alma] Capítulo 2 - Despertar
Abrí los ojos lentamente y, cuando me quise dar cuenta estaba corriendo hacia el templo de Incarnam. Frené en seco e intenté recordar qué hacía allí.
Sí, exacto, ha sido esa luz azul...
Notaba una brisa corriendo a ambos lados de mi cuerpo y una sensación muy extraña en la espalda, como si esta se arrugase hacia el exterior, hacia el interior, hacia el exterior, hacia el interior, y así sucesivamente. Bajé la mirada y descubrí unas manos negras pero libres de vello, así como una indumentaria que no era la que solía vestir, aunque sí similar: un chaleco azul y un pantalón pirata del mismo color entre otras cosas.
Me palpé con las manos la espalda y hallé unas protuberancias en ella que se movían de forma pausada, produciendo aquella sensación tan extraña. Entonces me sobresalté. ¡Eran alas!
☼☼☼
Una vez sentado, cuando ya me hube calmado y pude empezar a respirar de forma rítmica y contínua, me levanté del suelo y tomé una bocanada de aire. No sabría decir si lo hice por inercia, o realmente sabía lo que estaba haciendo, pero el caso es que me giré para observar aquello que no quería ver. Era la figura de la diosa Aniripsa tallada en la piedra de uno de los picos.
Entonces, como si una lluvia de ingenio superior estallase dentro de mi cabeza, comprendí lo que acababa de suceder. Por fin había conseguido introducirme en otro cuerpo, y además muy similar al mío; pero era de otra raza. Y tal fue el impacto de lo que en mis retinas se proyectaba, y de lo que mi mente procesaba, que caí de espaldas al suelo, quedando así inconsciente.
Y así permanecí durante un buen periodo de tiempo hasta que alguien me despertó...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Sí, exacto, ha sido esa luz azul...
Notaba una brisa corriendo a ambos lados de mi cuerpo y una sensación muy extraña en la espalda, como si esta se arrugase hacia el exterior, hacia el interior, hacia el exterior, hacia el interior, y así sucesivamente. Bajé la mirada y descubrí unas manos negras pero libres de vello, así como una indumentaria que no era la que solía vestir, aunque sí similar: un chaleco azul y un pantalón pirata del mismo color entre otras cosas.
Me palpé con las manos la espalda y hallé unas protuberancias en ella que se movían de forma pausada, produciendo aquella sensación tan extraña. Entonces me sobresalté. ¡Eran alas!
☼☼☼
Una vez sentado, cuando ya me hube calmado y pude empezar a respirar de forma rítmica y contínua, me levanté del suelo y tomé una bocanada de aire. No sabría decir si lo hice por inercia, o realmente sabía lo que estaba haciendo, pero el caso es que me giré para observar aquello que no quería ver. Era la figura de la diosa Aniripsa tallada en la piedra de uno de los picos.
Entonces, como si una lluvia de ingenio superior estallase dentro de mi cabeza, comprendí lo que acababa de suceder. Por fin había conseguido introducirme en otro cuerpo, y además muy similar al mío; pero era de otra raza. Y tal fue el impacto de lo que en mis retinas se proyectaba, y de lo que mi mente procesaba, que caí de espaldas al suelo, quedando así inconsciente.
Y así permanecí durante un buen periodo de tiempo hasta que alguien me despertó...
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[Génesis de un alma] Capítulo 1 - Descubrimiento
Siendo tan sólo un novato en el Mundo de los Doce, descubrí que mientras dormía era capaz de proyectar mi alma fuera de mi cuerpo, y así separarme de él, permitiéndome esto realizar viajes astrales sin que pudiera ser visto por nadie, ni tan siquiera los espíritus. Hoy por hoy lo domino a la perfección.
Me siento tan cerca de los Dioses cuando floto entre las nubes y sobrevuelo las montañas...
¿Sabéis? Alguna vez me perdí y tardé semanas en volver a encontrar mi cuerpo, pero una vez hube comprendido cómo controlarlo, aprendí a viajar de forma astral a placer. A esta "forma" de mí, la llamé forma astral, o simplemente, alma.
Con el paso del tiempo fui experimentando y tratando de colarme en otros cuerpos, pero nunca lo conseguía. Hasta lo intenté mientras dormían con la idea de que, quizá entrando en un cuerpo postrado en el mismo estado en el que yo podía salir del mío, podría acceder a él. Pero nada, toda táctica era inútil.
Por suerte, a pesar de tantos esfuerzos, cuando volvía a mi cuerpo no estaba más lejos de sentirme agotado, justo todo lo contrario, me sentía relajado y descansado.
☼☼☼
Un curioso día decidí volver al primer lugar que visitas como aventurero. Esa misma noche, tras salir de mi cuerpo, decidí levitar todo lo alto que pude, intentando alcanzar Ingloriom, el mismísimo plano de los dioses (suponiendo que allí coexistiesen). Sin embargo, cuanto más me elevaba más me daba la sensación de estar acercándome al suelo. De modo que una vez aburrido de "subir", puesto que no me cansaba, volví a bajar para sobrevolar el lugar; la antesala del Mundo de los Doce, aquello que conocemos como Incarnam.
Aterricé levitando por el este y, explorando de nuevo aquella región, vi una luz cegadora en forma de columna azulada justo en la otra punta de la flotante isla, en los Picos Rocosos. Me intenté acercar volando, pero a pesar de lo rápido que me deslizaba entre un viento que no lograba frenar mi cuerpo ni lo más mínimo, la luz cesó antes de alcanzar el tejado de la taberna de Incarnam.
¡De nuevo aquella luz! Y de nuevo acudí en su búsqueda, mas volvió a desaparecer delante de mí cuando sobrevolaba el Templo Celeste. Entonces, mientras yo buscaba algo que pudiese indicar que allí había una luz y yo no me estaba volviendo loco, me deslumbró de nuevo otro fogonazo azulado, justo delante de la escultura de la diosa Feca realizada en la piedra de los Picos Rocosos.
De no se sabía dónde, aparecía el cuerpo inerte de un feca. Parecía salir del núcleo de aquella luz, mucho más claro y brillante, y justo antes de tocar el suelo, aspiraba una bocanada de aire y abría los ojos lentamente. Un instante después, la luz había vuelto a desaparecer y el feca corría en dirección a las puertas del templo. De nuevo lo mismo, aunque diez kámetros más lejos, pero esta vez era un yopuka apareciendo ante la mirada del dios Yopuka esculpido en piedra. Y otra vez, un poco más allá, pero en este caso fue un zurcarák, también bajo la figura de su dios. Algunos parecían poderosos, otros no tanto. Quizá así era como llegábamos a Incarnam los que subíamos del Mundo de los Doce. Pero, algunos parecían tan jóvenes...
Así se sucedieron varios más de las distintas clases y de diferentes colores, tanto de piel como de cabello. Yo, mientras, yacía boquiabierto, levitando cerca de donde se producían aquellas luces, que no aparecían nunca de forma simultánea. De pronto me vino una descabellada teoría a la mente y entré en estado de shock.
¡No daba crédito a lo que estaba pasando! ¿De veras se estaba creando vida delante de mí? ¿Era cierto lo que veía? ¿Así alcanzaba un alma su condición de aventurero? ¿O por el contrario, esta vez sí era un sueño? ¿Habría ingerido demasiada sopa de champi champ? ¡Pues menos mal que mi objevivo no me había avisado de sus efectos! ¡Qué pesado!
Entonces apareció de nuevo otra columna azulada en cuyo núcleo brillaba aquella luz más clara y brillante, y no sé si valeroso o quizá temerario, me lancé hacia ella para intentar tocarla...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Me siento tan cerca de los Dioses cuando floto entre las nubes y sobrevuelo las montañas...
¿Sabéis? Alguna vez me perdí y tardé semanas en volver a encontrar mi cuerpo, pero una vez hube comprendido cómo controlarlo, aprendí a viajar de forma astral a placer. A esta "forma" de mí, la llamé forma astral, o simplemente, alma.
Con el paso del tiempo fui experimentando y tratando de colarme en otros cuerpos, pero nunca lo conseguía. Hasta lo intenté mientras dormían con la idea de que, quizá entrando en un cuerpo postrado en el mismo estado en el que yo podía salir del mío, podría acceder a él. Pero nada, toda táctica era inútil.
Por suerte, a pesar de tantos esfuerzos, cuando volvía a mi cuerpo no estaba más lejos de sentirme agotado, justo todo lo contrario, me sentía relajado y descansado.
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Un curioso día decidí volver al primer lugar que visitas como aventurero. Esa misma noche, tras salir de mi cuerpo, decidí levitar todo lo alto que pude, intentando alcanzar Ingloriom, el mismísimo plano de los dioses (suponiendo que allí coexistiesen). Sin embargo, cuanto más me elevaba más me daba la sensación de estar acercándome al suelo. De modo que una vez aburrido de "subir", puesto que no me cansaba, volví a bajar para sobrevolar el lugar; la antesala del Mundo de los Doce, aquello que conocemos como Incarnam.
Aterricé levitando por el este y, explorando de nuevo aquella región, vi una luz cegadora en forma de columna azulada justo en la otra punta de la flotante isla, en los Picos Rocosos. Me intenté acercar volando, pero a pesar de lo rápido que me deslizaba entre un viento que no lograba frenar mi cuerpo ni lo más mínimo, la luz cesó antes de alcanzar el tejado de la taberna de Incarnam.
¡De nuevo aquella luz! Y de nuevo acudí en su búsqueda, mas volvió a desaparecer delante de mí cuando sobrevolaba el Templo Celeste. Entonces, mientras yo buscaba algo que pudiese indicar que allí había una luz y yo no me estaba volviendo loco, me deslumbró de nuevo otro fogonazo azulado, justo delante de la escultura de la diosa Feca realizada en la piedra de los Picos Rocosos.
De no se sabía dónde, aparecía el cuerpo inerte de un feca. Parecía salir del núcleo de aquella luz, mucho más claro y brillante, y justo antes de tocar el suelo, aspiraba una bocanada de aire y abría los ojos lentamente. Un instante después, la luz había vuelto a desaparecer y el feca corría en dirección a las puertas del templo. De nuevo lo mismo, aunque diez kámetros más lejos, pero esta vez era un yopuka apareciendo ante la mirada del dios Yopuka esculpido en piedra. Y otra vez, un poco más allá, pero en este caso fue un zurcarák, también bajo la figura de su dios. Algunos parecían poderosos, otros no tanto. Quizá así era como llegábamos a Incarnam los que subíamos del Mundo de los Doce. Pero, algunos parecían tan jóvenes...
Así se sucedieron varios más de las distintas clases y de diferentes colores, tanto de piel como de cabello. Yo, mientras, yacía boquiabierto, levitando cerca de donde se producían aquellas luces, que no aparecían nunca de forma simultánea. De pronto me vino una descabellada teoría a la mente y entré en estado de shock.
¡No daba crédito a lo que estaba pasando! ¿De veras se estaba creando vida delante de mí? ¿Era cierto lo que veía? ¿Así alcanzaba un alma su condición de aventurero? ¿O por el contrario, esta vez sí era un sueño? ¿Habría ingerido demasiada sopa de champi champ? ¡Pues menos mal que mi objevivo no me había avisado de sus efectos! ¡Qué pesado!
Entonces apareció de nuevo otra columna azulada en cuyo núcleo brillaba aquella luz más clara y brillante, y no sé si valeroso o quizá temerario, me lancé hacia ella para intentar tocarla...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
[Génesis de un alma] Capítulo 0 - Presentación
Me presento, algunos me conocen como Neky, otros como Líder y otros como Gato, Algunos otros, en cambio, me conocen por otro de mis pseudónimos o distintivos. Pero para que comprendáis mi historia, a partir de ahora me dirigiré hacia vosotros como Neky.
Soy un zurcarák de pelaje negro, y poseo un "estandarte" de mi raza colgando de la cuerda que uso a modo de cinturón. Dicho distintivo es de color azul, remarcando una huella en su centro que es también de color negro. Suelo llevar ambos colores combinados en mi indumentaria, además del blanco. Es algo propio, es decir, mío en particular.
No suelo ser tan "ludópata" como mis congéneres, aunque esto es debido a otras cosas que comprenderéis más adelante; y aún así, en ocasiones me dejo llevar por mi instinto de zurcarák.
También tengo otras cualidades, pero será mejor que explique cada cosa a su debido tiempo.
Ahora, empecemos con la historia...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Soy un zurcarák de pelaje negro, y poseo un "estandarte" de mi raza colgando de la cuerda que uso a modo de cinturón. Dicho distintivo es de color azul, remarcando una huella en su centro que es también de color negro. Suelo llevar ambos colores combinados en mi indumentaria, además del blanco. Es algo propio, es decir, mío en particular.
No suelo ser tan "ludópata" como mis congéneres, aunque esto es debido a otras cosas que comprenderéis más adelante; y aún así, en ocasiones me dejo llevar por mi instinto de zurcarák.
También tengo otras cualidades, pero será mejor que explique cada cosa a su debido tiempo.
Ahora, empecemos con la historia...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
Presentación y motivo del blog
Este blog lo empiezo con motivo de escribir una novela narrativa basada en la historia y los monólogos interiores de mi personaje principal, Neky. Mas el protagonista no es sólo él. Esta novela va mucho más allá.
Es mi primera novela, sé que a algunos les gustará y a otros no, pero a ninguno le dejará un mal sabor de boca por sus faltas de ortografía o por su nefasta composición.
Y por favor, tanto si os gusta como si no, dejad vuestros comentarios porque, sinceramente, es lo que más se agradece cuando trabajas mucho en algo que, al fin y al cabo, no es remunerado, sino por placer, por amor al arte (literalmente en este caso).
Si alguien quiere hacerse una idea de la estética del "protagonista" (personaje inicial) de esta novela, antes de empezar a leer, pulse aquí. {Se recomienda}
Y ahora, si queréis descubrir más leed, leed, porque como leí en algún sitio:
"Las palabras desvelan el secreto que la imagen capta."
---Être et Durer---
Gato
Es mi primera novela, sé que a algunos les gustará y a otros no, pero a ninguno le dejará un mal sabor de boca por sus faltas de ortografía o por su nefasta composición.
Y por favor, tanto si os gusta como si no, dejad vuestros comentarios porque, sinceramente, es lo que más se agradece cuando trabajas mucho en algo que, al fin y al cabo, no es remunerado, sino por placer, por amor al arte (literalmente en este caso).
Si alguien quiere hacerse una idea de la estética del "protagonista" (personaje inicial) de esta novela, antes de empezar a leer, pulse aquí. {Se recomienda}
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