Mientras atravesaba aquel hueco en la roca hacía recuento de la fauna y flora que en la siguiente plataforma "colgante" me encontraría.
En aquella sala hay seis monstruos. Lo recuerdo bien, van en orden: en la tercera sala hay siete. Y si no recuerdo mal, los que en la segunda sala solían juntarse eran unos pequeños ejemplares de tofu, jalató y girasol salvaje, además de una frágil rosa demoníaca, un diente de león diabólico asustado y un cangrejo imprudente...
CONTINUARÁ...
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Todo el contenido de la novela es propiedad creativa e intelectual de Gato, así pues se exige no difundirlo sin referencia hacia el autor y se prohíbe la apropiación de dicho contenido ya sea parcial o completo.
sábado, 29 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
[Génesis de un alma] Capítulo 10 - Evasión
Ya había entrado, ya no había retorno posible. Y aunque no me asustaba el hecho de toparme con varios monstruos e insectos debiluchos que tendría que vencer para pasar a la siguiente recámara, me estremecía la sola y simple idea de pensar que podrían antes dar ellos conmigo y atacarme en alguna esquina de aquel "subterráneo", provocando mi caída al vacío. Por en medio, una columna de piedra que unía la plataforma usada a modo de suelo con el resto de la isla flotante; a ambos lados de la plataforma, aire, nada más. Al otro lado de la sala una cavidad en la rocosa pared que daba paso a la siguiente sala.
Todo sería mucho más fácil de lo que esperaba, allí estaban las cinco criaturas contra las que me iba a enfrentar: un moskito miedoso, una larva azul y una arakna, ambas inmaduras, y un champi champ vulnerable.
Todo sería mucho más fácil de lo que esperaba, allí estaban las cinco criaturas contra las que me iba a enfrentar: un moskito miedoso, una larva azul y una arakna, ambas inmaduras, y un champi champ vulnerable.
Me detuve a contar: uno... dos... tres... cuatro... ...¡Mierda!
Justo mientras me giraba unos 120 grados hacia la izquierda (sentido levógiro) buscando a la que faltaba, el desapercibido tofu saltaba con fuerza hacia mí. Yo me agaché hacia atrás, cual jugador del "limbo", para evitarlo a tiempo, pero el tofu me arañó la oreja izquierda con el pico mientras intentaba frenar la inercia de su cuerpo ante una fuerte ráfaga de viento que se desató en el sentido de su vuelo. Incapaz de decelerar siquiera su empuje, e intentando aferrarse al borde de la plataforma, cayó. Cayó y desapareció entre las nubes ante mi atónita mirada. No me creía la suerte que tenía, aunque...
"¡Ay!" ...la oreja me escocía.
Lo cierto es que eso es lo único digno de recalcar. Un anécdota quizá trascendental, quizá no tanto, pero que yo recuerdo como el principio del descubrimiento de otra de mis extravagantes "habilidades".
Después, simplemente utilicé una Palabra Curativa para detener esa sensación que cubría el lado izquierdo de mi cara, y fui derrotando a todos aquellos insectos, y "no tan insectos", de uno en uno hasta que no quedó ninguno en pie.
Así accedí a la siguiente sala...
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